sábado, julio 04, 2009

cuatrodejulio

Conocí a una mujer que fumaba a escondidas y tomaba una taza de té hirviendo cada día después de un siesta que duraba horas. Veía todos los concursos de la tele con unos cascos enormes. Era dura de oído (y a veces también era dura de otras cosas). Siempre olía a laca y a señora mayor. A crema de manos y colonia. Le gustaba la nuez moscada, porque le daba sabor a todo aquello que ella consideraba soso. Tenía los pies pequeños (siempre me acuerdo de sus pies, antes de meterse a la cama que estaba al lado de la mía) y la piel blanca transparente. Se ponía la mano en la cara para dormir. Cenaba leche con magdalenas casi todas las noches y nunca renunciaba al postre. Siempre quería regalarte algo o darte la paga, y a cambio ella te daba su sincera opinión acerca de todo: "Esa ropa que llevas parece de mercadillo".

Me acuerdo de ella en su mecedora (la que teníamos en la primera casa, y que solía utilizar yo cuando ella no estaba). Me acuerdo de la ropa interior de ganchillo, y de lo que hacía cada vez que yo le enseñaba un dibujo: suspiraba, miraba a mi madre y decía "qué arte tiene".

Y de cuando se puso enferma. Me regaló unos calcetines del hipercor y me dijo: "Siento no haber podido comprarte nada más, pero no puedo salir".

Creo que ese recuerdo me hace llorar siempre.

viernes, julio 03, 2009


Ella.- Tú sólo me odias por un motivo. Porque te mata saber que podrías haber sido completamente feliz a mi lado y que lo echaste a perder. Porque eres orgulloso y prefieres odiarme que admitir que te equivocaste. Es una actividad fácil y entretenida, porque le dedicas mucha energía. Me odias porque no quieres lo contrario. No quieres admitir que soy la pieza que te falta.

Él.- ¿Ah sí, y tú sabes todo eso mejor que yo? ¿Tan lista te crees?

Ella.- Sólo hay una diferencia entre tú y yo ahora mismo. No soy más lista, pero es por esa diferencia que yo veo y tú no.

Él.- Sorpréndeme. ¿Cuál?

Ella.- Yo tengo los ojos abiertos.



Incluso el más cínico puede apreciar la belleza de las cosas simples. Y aunque no lo admitas, sabes que la quieres para ti, y en exclusiva. Que te mueres de celos cada vez que su boca es para otro. Ya sea para besar o para hablar. Incluso más cuando es para hablar. Porque lo que más te gusta del mundo es discutir con ella. Odias que otros discutan con ella, más que que la besen.

martes, junio 30, 2009



Conocerte es el viaje más largo que quiero realizar desde que sé que existes.

Pero no sé dónde comprar los billetes, ni si me dejarás cruzar la frontera de tus labios. Que hay 24 costillas que me hacen de barrera para llegar a mi destino. Y no sé si tengo el pasaporte en regla. Hasta ahora sólo me has indicado por señas que el camino es peligroso.

Pero a mí es nunca me ha detenido. Y cuando digo conocerte, lo digo en el sentido amplio de la palabra. No quiero saber lo que pone tu dni. Quiero saber cuáles son tus sueños, con qué películas lloras. Qué comidas te gustan y cuáles te dan arcadas. Tu primer recuerdo. Quiero saber cuál es la canción más hortera de tu discografía, quiero trazar de memoria el mapa de tus lunares. Tu helado favorito. Tus pesadillas.

Todo.

viernes, junio 26, 2009


Que me dejes besos en post-its en la cabecera de la cama.
Y en el espejo del baño, y en la entrada, y en el ascensor, y en el armario de las galletas, y en la pantalla del ordenador...
y en el alma.


No le gustaba el mar porque le recordaba a tus lágrimas. Estaba igual de salado. Cuando se metía en el mar, sentía como si se bañara en tus tristezas, y al final, no sabía cuáles eran sus lágrimas y cuáles las tuyas. Se parecían tanto...

El mar era la fuente de la tristeza, que hacía a su mente sumergirse en los recuerdos. Tirándose en plancha. Aguantando la respiración hasta casi ahogarse. El mar siempre volvía a la orilla de su cuerpo. Las olas, incansables, le erosionaban el alma. Arrastraban a cada viaje un granito de arena del reloj de arena de su vida.

Y le quedaban cada vez menos, menos, menos...

miércoles, junio 24, 2009


Caperucita se sienta sola ante la barra de un bar y pide un wishkey (doble) para ahogar sus penas.

Los veranos siempre fueron impredecibles. Siempre le ocurrieron las cosas más extrañas y mágicas en agosto; los tres de agosto parecían una equis de las que ocultan el tesoro. Siempre había ocurrido algo importante en su vida los tres de agosto. Como si fuera el acento. La tilde, el punto de inflexión.

Y no sabría decirte qué voy a hacer ahora. Dejarme en manos del destino, de la vida, de la magia, de la providencia, de la entropía, del cosmos, de... lo que sea que gobierne este mundo. Y esperar a que las cosas se dispongan por sí mismas y sucedan como tengan que suceder. No voy a ser un mero ser pasivo, pero necesito algo de material sobre el que trabajar.

Yo sólo te digo que los nudos no se deshacen solos, y que si los dejas estar, los hilos se enredan todavía más. Hasta el punto en el que ya no puedes moverte. Tienes que trabajar en ellos para deshacerlos. Dedicarles tiempo, paciencia.

Y yo esperaré.



Ella nunca obtenía un no por respuesta.
Hasta entonces.

domingo, junio 21, 2009


Los magistrales giros en el guión de la vida.


-¿cómo se acaricia un corazón?Yo ya no sé qué es eso, a mí sólo me muerden.
-Verás, no es complicado. Primero se le mira. Se aguarda en silencio; él se desahoga; y uno, lentamente, le cuchichea que hay futuro y que siempre se puede avanzar, que sólo tiene que confiar. Luego le toca con suavidad y hace que miren en la misma dirección.
-El corazón moribundo es desconfiado.
-Sí, pero al final se rinde. Únicamente debe no poner fronteras.
-Han saltado todas las alarmas anti-robos.


-Un rompecabezas de dos piezas y te pasas media vida buscando la que está perdida. Es que es de tontos.
-No, de locos. Pero viva la locura.

-Sí, pero la estrella no consideró digno detenerse a contemplar a sus admiradores.
-Había tantos...
-Ya, pero sobre todo uno muy tonto, muy tonto,que cruzó una mirada inaudita a años luz de distancia.

-¿De qué quieres convencerme?
-De nada; quiero que vislumbres tú misma.
-¿Qué tengo que ver?
-Yo que sé, lo que haya de ser,menuda pregunta.
-Cobardica.
-No, tú te haces la tontaina y hemos quedado que estás loca, pero no oligofrénica.
-¿Me hago la tonta?
-Tontaina: es más dulce y exigente

-¿Con qué me vas a torturar?¿Con despedidas?
-No, no, no he dicho eso. Eso no te haría nada. O, perdón, crees que no te haría nada.

jueves, junio 18, 2009


Ella.- No he conocido a nadie como tú.

Él.- ¿Qué quiere decir "como yo"?

Ella.- Que me siga el ritmo en los bares, que cante todas las canciones conmigo... que aparezca una noche de traje, para salvarme la vida, o para matarme. Que me anime a cumplir los sueños, que los comparta. Que se quede conmigo bajo la lluvia. Que me cante canciones al oído. Que me bese cuando menos me lo espero. Que sea tan guapo... que sepa volar.


Lo que tienen los sueños es que no te das cuenta de que lo son hasta que se acaban. Y yo me desperté hace ya unos días.